Diario del investigador - Las granjas de foie gras al descubierto

Jul
21

Primera visita: Collverd, la empresa del presidente de la industria del foie gras en España

“El 21 de julio de 2011 empezamos la investigación sobre granjas de patos para foie gras en el Estado español. Tras varias semanas documentándonos y estudiando a fondo el sector, decidimos empezar nuestra investigación visitando la empresa catalana más importante. Su presidente, Jordi Terol, es a la vez presidente de la asociación que aglutina a los productores y empresas que elaboran foie a nivel estatal, Interpalm, y miembro de la agrupación europea Euro Foie Gras.

Cuando llegamos nos recibió en su despacho. Se presentó y nos dijo estaba muy enfadado. Para explicar su enfado, me pasó su móvil y me pidió que leyera en voz alta un correo; en él que se explicaba que en la feria de alimentación y bebidas de Alemania, una de las más importantes del mundo, Anuga 2011, los organizadores habían prohibido participar a los productores de foie gras alegando que no querían que se relacionara la feria con el maltrato animal. Esta situación generó que empezase a criticar acaloradamente a quienes se dedican a defender a los animales.

Poco después decidió llevarnos a las granjas de cría y recría que le proveen y que tiene cerca de sus oficinas: Can Ruet. Una vez allí pudimos ver a los patitos de 2 días que llegan desde las incubadoras francesas. En esas instalaciones de cría los patos estarán hasta los 21 días de edad, momento en el que empiezan a desarrollar el plumón. Posteriormente pasarán a un terreno más amplio, donde estarán hasta los 86-88 días de vida, durante el llamado “proceso de recría”.

Terol nos estuvo enseñando cómo eran ambas fases y nos llevó también a una nave destinada al cebado, que se encontraba vacía en esos momentos. Nos comentó que el granjero encargado no volvería a llenarla hasta septiembre, ya que las altas temperaturas provocaban muchas bajas y no resultaba rentable embuchar en verano. Nos enseñó las instalaciones donde meten a los patos en jaulas individuales, que tenía capacidad para albergar a 1.659 patos durante el proceso de alimentación forzada.

Así acabó nuestra primera experiencia, nuestra primera salida dentro de la investigación sobre granjas de patos en territorio español.”

Jul
26

“El 26 de julio de 2011 hicimos la segunda visita de la investigación. Fuimos a Solés Pagés, una granja de un pequeño productor situada en Colomers, Girona. Algunos miembros del sector del foie gras suelen llamar a este tipo de producciones “granjas pirata”, ya que en ellas se dan un montón de irregularidades. Solés Pagés lleva 29 años dedicándose a la cría de patos para foie, matando actualmente 150 animales a la semana.

Unas instalaciones poco convencionales

Realmente el lugar no es una granja común. Se trataba de una casa antigua, grande, con algo de terreno, que en Cataluña se denomina normalmente “masía”. Junto a la casa había una estructura de ladrillo, donde tenían a los animales.

Al llegar a la granja nos recibieron los propietarios, Narcís y Montse. Se trataba de un día que fuimos era día de matanza, por lo que fuimos testigos de todo el trabajo que se realiza en esa granja.

La granja estaba muy cerca del centro del pueblo, en una misma calle, por lo que nos dimos cuenta de inmediato que incumplía la normativa vigente en cuanto a la distancia mínima que debe haber entre un núcleo urbano y una explotación ganadera.

Las naves donde alojaban a los patos se caracterizaban por la suciedad y por lo viejas y descuidadas que estaban. Narcís nos confesó que no desinfectaba la granja, aunque estaba obligado por ley a hacerlo. Había tres zonas bien diferenciadas: en dos de ellas tenían a los patos en el proceso de cebado, que en esa granja dura entre 15 y 17 días, y en la otra se realizaba la matanza. Tenían otra parte junto a la vivienda que dedicaban al proceso de elaboración.

La matanza

Narcís nos recibió y comenzó de inmediato con la mecánica de su día: hoy le tocaba la matanza de los patos.

Se dirigió a donde estaban los animales enjaulados y los subió a una especie de carretilla-jaula muy rudimentaria, fabricada con malla de alambre. Una vez dentro de la carreta, llevó a los patos a la sala donde tenía todos los instrumentos de matanza.

Empezó entonces a matar a unos 75 patos, uno tras otro, a la vez que iba fumándose un puro.

Nos mantuvimos al lado de la carretilla, con los patos, y pudimos apreciar lo nerviosos que estaban y cómo jadeaban sin parar. También ellos estaban presenciando todo el proceso.

Pude ver que algunos animales seguían conscientes tras ser acuchillados y trataban de respirar y se agitaban mientras colgaban sobre el fregadero metálico repleto de sangre.

En el proceso de la matanza había varios operarios, que se encargarían de realizar las diferentes tareas: escaldar a los animales, desplumarlos, abrirlos en canal, descuartizarlos y, posteriormente, elaborar el foie gras.

Cuando acabó de matar a todos los patos, Narcís los colgó en una estructura metálica con ruedas, similar a un perchero, y los llevó al exterior de la granja, dejándolos en el jardín de la casa. En ese lugar había bastantes moscas, que empezaron a posarse sobre los cadáveres de los patos. Algunas de ellas incluso se introdujeron por el agujero del cuello que había quedado tras acuchillarlos.

Proceso de elaboración

Al cabo de unos minutos, Narcís lanzó un chorro de agua con una manguera sobre los cadáveres y los llevó a la zona de refrigeración para empezar el proceso de elaboración del foie gras.

Presenciamos cómo los operarios sacaban los hígados de los patos muertos, los pesaban, clasificaban y seleccionaban según tamaño, textura y forma. Estuvimos viendo y documentando todo el trabajo durante un buen rato. Nos marchamos a la hora de comer y volvimos a la tarde para asistir al proceso de cebado.

Las jaulas individuales

Ese día habíamos llegado a las 7:30 de la mañana, por lo que no pudimos asistir a la primera sesión de cebado. El cebado se realiza en todas las granjas dos veces al día, aproximadamente cada 12 horas. Nos dijeron que podíamos estar allí para la sesión de la tarde y documentar el proceso, lo que significaba que íbamos a obtener las primeras imágenes de cebado de patos de nuestra investigación en granjas de foie gras.

Volvimos puntualmente a la granja. Era una tarde muy lluviosa. Conocimos al operario que se dedicaba, en exclusiva, al proceso de cebado. Que se tratara de una tarde tan lluviosa fue algo que nos favoreció, ya que Narcís no se acercó a donde estaban los patos y estuvimos a solas con el operario. Pudimos así grabar con suma facilidad.

Nos impresionó ver por primera vez cómo eran las jaulas individuales. En ellas los patos no podían moverse, ni tan siquiera girarse. Cuando los animales trataban de extender sus alas, a veces se les quedaban enganchadas en los barrotes. También les pasaba cuando metían el pico entre los hierros. Narcís nos había comentado que ante estas situaciones los patos se ponían muy nerviosos e incluso algunos, si los operarios no estaban atentos, podían producirse fracturas al tratar de soltarse. Estas fracturas, por supuesto, no eran tratadas.

En las jaulas los patos no tienen más vida que recibir día tras día el cebo, hasta llegar al peso adecuado para ser enviados al matadero.

Proceso de cebado

El trabajador iba por la nave con un carro lleno hasta arriba de granos de maíz cocido, que iba sacando con la ayuda de un cazo de metal. De este modo iba poniendo el alimento en la parte superior del embudo que introducía en los animales.

Pudimos comprobar de cerca lo impactante que resulta el momento del cebado. Vimos cómo iba desapareciendo el maíz por el embudo a medida que iba aumentando el tamaño del buche del animal. Se podía apreciar perfectamente la forma del tubo bajando por el esófago de los patos, mientras éstos abrían de forma muy expresiva los ojos. Algunos giraban la cabeza ante la llegada del operario, tratando de alejarse del tubo cuando se aproximaba a ellos. Varios animales convulsionaron ligeramente mientras eran embuchados. Muchos de ellos quedaban extenuados y abatidos tras la extracción del tubo.

Estábamos presenciando la etapa final del proceso de alimentación forzada (era sobre el 15º día de cebado), por lo que a esas alturas la mayoría de los animales tenían ya el hígado muy engordado.

Apreciamos problemas respiratorios en todos los patos que vimos ese día. Pasaban todo el tiempo abriendo y cerrando el pico de forma continuada, jadeando sin parar, por lo que parecía evidente que les estaba costando mucho respirar.

Tras visitar esta granja, contábamos ya con suficiente material como para documentar todo el proceso de producción de foie gras. Pero la investigación no había hecho más que empezar. ”

Ago
01

Visita a la granja Induànec

“Llegamos a la granja Induànec, en Bescanó (Girona), sobre las 6:30 de la mañana. Allí nos recibió Albert Molas, el propietario, que nos dijo que la explotación llevaba ya 20 años trabajando. En esta granja sólo se realiza el proceso de embuchado y elaboración del foie gras produciendo unos 220 patos a la semana y su producto es vendido a comerciales, particulares y restaurantes (como Les Cols, de Olot). Habíamos programado nuestra visita ese día para poder grabar la matanza de los patos.

Matanza de los patos

El proceso de matanza estaba muy mecanizado: en él simplemente entraban animales vivos y salían objetos inertes, uno tras otro, uno tras otro…

Documentamos cómo algunos patos llegaban a pasar varios segundos, incluso algún minuto, pataleando sin parar, forcejeando dentro de los conos tras ser degollados.

Además de lo mucho que impresionaba el proceso visualmente, la lucha de los patos por sobrevivir era algo que también podía oírse. El sonido que el golpeteo de sus patas provocaba en contacto con el metal era sobrecogedor. Su intensidad de iba reduciendo, poco a poco, pasando de un gran estrépito a un leve tintineo conforme se les iba apagando la vida.

Presencié algo que se me grabó en la retina: los granos de maíz no dejaban de brotar de los buches de los patos en el momento de ser acuchillados. Estaban, literalmente, saturados del alimento que les habían obligado a tragar. La escena era bastante desagradable, pues el maíz se mezclaba con la sangre de los patos y salpicaba las paredes y el suelo formando una extraña mezcla.

Inveraliment, la granja de cría y recría de patos para Induànec

Preguntamos a Albert, el gerente, de dónde venían los patos que utilizaba para cebar, ya que Induànec comienza su explotación directamente en la fase de cebado. Nos contó que venían del pueblo de al lado, de Sant Gregori, y que los suministraba una empresa llamada Inveraliment, que se dedica exclusivamente a la cría y recría de patos.

Comentamos que sería muy interesante poder ver esas granjas y nos dijo que podíamos visitarlas ese mismo día, sin ningún problema. Hizo una llamada y nos concertó una cita con el encargado, Toni Vega.

Una vez en la granja, Vega nos enseñó a los patitos de la zona de cría. Llevaban en la nave algunos días y estarían allí, con calefacción, hasta que cumplieran los 21 días y pudieran salir al exterior. Cuando entramos, nada más vernos, se fueron todos muy juntos hacia el fondo del recinto. Parecían una marea de plumón amarillo, muy pegados unos a otros, moviéndose siempre a la vez. Eran muy pequeños y se caminaban a pasitos cortos y rápidos sin separarse ni un momento. Fue entonces cuando le preguntamos por el destino de las hembras de pato, ya que la industria sólo explota a los machos. Toni nos confirmó que las patitas son matadas en Francia durante el proceso de sexado, generalmente trituradas vivas, ya que no resultan rentables para la producción de foie.

Posteriormente, fuimos a visitar a los patos de la zona de recría. Los patos son animales muy gregarios, por lo que también éstos estaban muy juntos. El lugar era muy bonito, con mucha hierba verde y altos árboles con sombra para protegerse del calor. Los patos tenían acceso libre a la comida y al agua.

Toni nos explicó en qué consiste el “racionamiento”, que se lleva a cabo al final de la fase de cría para preparar a los patos para el cebado. Durante el racionamiento, los patos dejan de tener acceso libre a la comida y, una vez a la semana, son privados de alimento durante un día entero. Cuando se les vuelve a ponerles de comer, tragan muy aprisa y con una gran voracidad. Así, alternando días de ayuno con días de “atracón”, los patos se acostumbran a consumir grandes cantidades de golpe y van «haciendo buche».

Llegada de los patos a las jaulas individuales

Al haber sido día de matanza, tocaba traer un nuevo lote de patos a las jaulas individuales para ser cebados. Vimos cómo los metían en esos diminutos armazones metálicos y fuimos testigos de su comportamiento, extremadamente nervioso. Supuse que les debía resultar muy estresante pasar de vivir en ambientes extensos a ser encerrados en un lugar en el que, pasados unos días, ni siquiera podrían darse la vuelta. En 15 días iban a pasar de pesar aproximadamente 4,5 Kg a más de 7 Kg.

Los patos recién llevados a la nave de cebo no dejaban de agitarse dentro de las jaulas, luchando desesperadamente por salir de ellas. Era una actitud que contrastaba en gran medida con la que tenían los patos que llevaban varios días siendo cebados en esa misma nave, y que se mostraban totalmente sumisos, inmóviles… como si se hubieran dado ya por vencidos.

Los operarios eran muy poco cuidadosos a la hora de introducir a los patos en las jaulas. Si alguno de ellos intentaba salir de la caja en la que venía metido, no tenían ningún problema en pisarle el cuello con la trampilla para que no escapara mientras manipulaban a los demás.

También era frecuente que los operarios pillaran las alas de los patos al cerrar las jaulas individuales, lo que provocaba que las movieran nerviosamente tratando de desengancharlas. Al cabo de un rato, algunos empezaban a mostrar signos de depresión e inmovilidad. En ese momento pensé que ya no volverían jamás a caminar ni a extender sus alas y que quizás ellos también lo intuían.

Quizás porque estábamos nosotros allí, las burlas hacia los animales eran constantes. Los operarios llegaron a cogerlos por las alas, manteniéndolos en el aire con ellas extendidas, mientras nos miraban sonriendo y decían «¡Venga, a volar, a volar!». Los patos, aterrorizados, no dejaban de aletear. Era una situación altamente estresante para ellos.

En esta granja los patos entraban a las jaulas individuales con 4 Kg de peso y salían de ellas con aproximadamente 6 kilos y medio. Al ser tan pequeños en el momento de enjaularlos, algunos conseguían colarse por entre los hierros y salir correteando por el pasillo hasta apilarse con otros fugitivos al final de la nave. Pero no podían llegar muy lejos. A los pocos minutos eran nuevamente capturados y puestos en las jaulas individuales.

Muchos de ellos se daban la vuelta dentro de la jaula, un hecho que Albert, el propietario de la granja, me explicó que resultaba muy molesto para los operarios. Según él, había que estar girándolos constantemente, porque si se acostumbraban a tener ese comportamiento luego quedarían mirando hacia la parte cerrada de la jaula. Me confesó, entre risas, que para cambiar esa conducta a veces los golpeaba a los patos. Sus palabras textuales fueron:

«Como se acostumbre a estar girado… después vas cebando, ves que lo tienes, y a la que no te das cuenta ya lo tienes girado. Y eso es lo que toca más los cojones, porque tienes que dejar la máquina. Si hay 320 y todos se giran, o la mitad se gira, cuando vas por la mitad no estás con ánimo de aguantarlos y los coges y les metes una hostia. Y ¡hale, a ver si se dan la vuelta! Y esto no se puede hacer, ¿eh…?»

Historia de la granja y sus negligencias

El propietario también nos explicó que cuando empezó a trabajar en la granja no sabía cebar correctamente y se le morían muchos patos. Al extender durante demasiado tiempo el proceso de cebado también sufrió inicialmente muchas bajas, ya que los patos acababan muriendo por ingerir maíz en exceso.

«Y ahora en verano, no se mueren por demasiado grandes, se mueren por el calor… por el calor, con ataques de corazón», nos dijo.

Albert nos relató que en estos años había visto heridas de todo tipo en los patos, provocadas por un embuchado descuidado. Incluso nos dijo que hasta en tres ocasiones vio embudos de cebo atravesando el cuello de algún pato, reventándoselo por completo:

«A mí me ha pasado. Hacerles daño, también, a muchos. Les hacemos arañazos… ¡Bueno, arañazos! ¡Esto… o cosas grandes! Esto es, que les queda como una costra, cuanto más daño les haces, la costra es mucho más grande, después cuesta mucho más de entrarlo, ya no comen tanto… […] El buche se les va ensanchando, poco a poco… Pero si el primer día no vas con cuidado, ya se lo has reventado.»

Pero Albert, como todo explotador, defiende férreamente su negocio y lo legitima ante todas las críticas que suele recibir el mundo del foie cuando se cuestiona el proceso de la alimentación forzada. Nos explica que algunos estudiantes del mundo culinario se alarman ante el cebado y que un gran número de ellos no quieren verlo. Insiste mucho en que sabe que es algo que la sociedad rechaza y muestra muchas reticencias a la hora de dejarnos grabar, aunque finalmente podemos documentar bastante material.

Recuerdo que al finalizar la visita se me acercó y me dijo que era la primera persona a la que dejaba documentar todo esto, que normalmente no dejaba grabar a nadie y que esperaba que nada de todo esto saliera a la luz. Me recordó que sólo debía usar el material obtenido para el trabajo de estudiantes que íbamos a realizar y que no lo colgáramos en Internet ni facilitáramos que la gente accediera a este tipo de imágenes. Según él «la gente no las entiende» y es mejor que no sean mostradas.

Albert también me contó que en algunas granjas catalanas se suministra antibióticos a los patos para que aguanten bien durante el cebado y no se produzcan bajas durante el proceso. De este modo, los animales están más fuertes, engordan más y tienen menos probabilidades de enfermar o debilitarse. Nos dice que es algo ilegal, pero que aun así es practicado en algunas granjas:

«Esto está prohibido. Lo bueno del antibiótico es que el pato aguanta mucho más. No sufre tanto. A ver, no sufre, que no… Come, come mucho más… está más tranquilito. Si tú estás enfermo y te tomas un antibiótico, te deja relajado, te deja… mejor. Esto hay gente que aún lo hace. Entonces aguantan mucho más, comen mucho más y salen mucho más grandes. Pero claro, si te lo hacen analizar, después… hecha la ley, hecha la trampa.»

Pasamos casi todo el día en la granja. Llegamos por la mañana, sobre las 6:30 h; salimos a comer al mediodía, volvimos y estuvimos allí hasta las 6 de la tarde. Procuramos estar el máximo tiempo posible para obtener así el mayor número de imágenes, para captar hasta el último detalle de todo lo que sucedía en el interior de esta explotación. Teníamos que mostrar lo que ocurría en las granjas de patos, para que no quedara en el olvido, para que la sociedad tuviera acceso a la realidad que padecen los animales explotados y pudiera tomar una decisión informada a la hora de apoyar o no a dicha industria.”

Jul
21

Visita a la empresa Can Manent

“El día 21 de septiembre de 2011 hicimos una visita a las instalaciones de Can Manent de la empresa, también conocida como Grupo E9, en Santa Eulalia de Ronçana, Barcelona.

Esta granja lleva operativa 18 años y produce unos 12.000 patos anuales. Empezó su producción con 5 patos y ahora mata unos 250 por semana, dedicándose en exclusiva al proceso de cebado y elaboración de foie gras. Su producto es vendido internacionalmente a Roma, Suiza, Estados Unidos y Japón. Proveen a importantes restaurantes, como Sant Pau, Mugaritz o El Celler de Can Roca, el segundo mejor restaurante del mundo.

Nos atendió Emili Cucala, el propietario. Nosotros pretendíamos que nos enseñara su granja, pero nos comentó que tiene por norma que sólo los cebadores entren a la nave, para evitar así que los patos se estresen. Era la primera vez que un productor nos decía tener en cuenta el estrés de los patos. Pese a no poder documentar el proceso de cebado, nos concedió una entrevista.

Concepto de maltrato animal

Quedamos con él en Santa Eulalia de Ronçana, donde tiene la planta de elaboración de foie y sus oficinas. Su granja está situada en Lliçà d'Amunt. Entre otras cuestiones, le pregunté qué opinaba sobre algo que estaba en boca de todos los productores: la criminalización del foie gras. No esperaba, en absoluto, una respuesta como la suya. Y menos aún que se tratara de una respuesta totalmente sincera cuando se refirió al concepto del “maltrato animal”. Nos dijo, textualmente:

«No hay ningún animal que no se maltrate si te lo tienes que comer. Que te lo tengas que comer eso ya es otro tema. Y en este sentido todos los animales se maltratan. […] Maltratar no significa que le pegues patadas al animal […] ¿Qué quiere decir? Pues que al animal le haces hacer cosas que él en su naturaleza no hace. Se maltrata.»

A partir de ese momento empezó a detallar cómo la explotación de todos los demás animales, no sólo de los patos, supone un perjuicio y un maltrato para los individuos afectados. Así, por ejemplo, nos habló del maltrato implícito en el consumo de lácteos y huevos:

«Se maltrata a la vaca, porque una vaca que da leche la maltratas. Porque, ¿cuántos litros da una vaca en su estado natural? Pues sólo cuando pare y necesita leche para su cría. Pero las vacas no siempre dan leche, las vacas paren y tú se la sacas. ¿Cuántos litros? Antes le sacaban 5 litros. Ahora le sacan 50 litros. Y claro, ostras, esto a una vaca en el sentido literal de la palabra… es terrible. Una vaca no está acostumbrada a hacer 50 litros cada vez tiene una cría. ¿Y esto no es un maltrato?»

«Las gallinas, ¿cuántos huevos ponen? Con una gallina pasa lo mismo. Una gallina pone una docena de huevos una vez o dos para hacer la cría, más no. Entonces, cuando tú manipulas un animal para hacer huevos cada día, como mínimo uno, pues ya lo estás maltratando, ¿no? Quiero decirte, tanto si lo tienes encerrado como si no lo tienes encerrado.»

Emili resumió su visión sobre este tema en la siguiente forma:

«Yo pienso que todo esto es política y si lo llevas al extremo simplemente la mejor manera de no maltratar a los animales es no comértelos. […] Les es igual que los mates de una manera u otra, si al final, te matan para comerte. Si tienes consciencia de esto… Si supieran los animales que se están criando para matarlos se pondrían nerviosísimos, ¿no?»

¿Hasta qué punto la sociedad desconoce todas las alternativas existentes a la hora de vivir sin explotar a otros animales? ¿Hasta qué punto el consumo de productos de origen animal está marcado por la inercia y la falta de información? Nos fuimos de las oficinas de E9 sin haber obtenido ninguna imagen de la explotación, pero sabiendo valorar lo importantes que eran declaraciones como las de Emili Cucala para el movimiento por los derechos animales.”

Feb
17

Visita a la granja Can Ruet, de Josep Jofre

“ El 17 de febrero de 2011 visitamos la granja Can Ruet, situada en el Far d’ Empordà, Girona. Esta granja provee en exclusiva a Collverd, la empresa de Jordi Terol, donde serán matados los patos y se elaborará posteriormente el foie. Esta granja, además, es un gran elemento de marketing para Terol, que siempre lleva allí a sus visitas, mostrándola de cara al exterior como si fuera una granja de Collverd.

La granja está operativa desde 1991 y actualmente produce 25.000 patos al año, teniendo capacidad para llegar a los 40.000. En el mismo recinto tiene una parte destinada a la cría y recría de los patos. A pocos kilómetros tiene otras instalaciones, destinadas exclusivamente a la recría y donde tienen además dos naves de cebado: una pequeña, con capacidad para 672 patos, y otra grande, con capacidad para 987.

Llegamos a la granja a las 6:30 de la mañana y nos dirigimos a visitar una de las naves, la más pequeña, en la que pudimos documentar el cebado.

Proceso de cebado

En Can Ruet, a diferencia de las otras granjas, los patos son cebados con “pasta”, una mezcla formada por un 47% de harina de maíz y un 43% de agua a la que añaden algo de maíz en grano. El periodo de cebado dura 13 días y se realiza en dos sesiones diarias. Se comienza por una cantidad de 400 g de pasta y se va aumentando 40 g en cada toma, aunque esto depende de la resistencia de los animales y de si se trata o no de una época calurosa. Sobre el décimo día se alcanzan los 800-900 g de pasta para cada embuchado, cantidad que se mantendrá hasta el final del proceso. En total, durante todo el proceso de embuchado los animales ingieren una media de 11 Kg de maíz (peso seco del cereal).

Cuando visitamos la granja, los patos sólo llevaban cinco días en las jaulas individuales de la nave pequeña de cebado. Pudimos observar que abrían exageradamente los ojos cada vez que se les introducía el cebo y que daban muestras de miedo ante la llegada de la pistola de alimentación, apartando la cabeza y tratando de darse la vuelta según se iba acercando su turno.

Aunque las expresiones de los patos no suelen resultar tan reconocibles como las de los mamíferos, estos patos reflejaban en su rostro la sorpresa y la angustia que les provocaba el proceso de embuchado.

Una vez finalizado el proceso de alimentación forzada en la nave pequeña, fuimos a visitar la nave más grande. En ella no pudimos documentar el cebado, pero sí el lamentable estado en el que se encontraban los patos.

Los patos estaban bastante sucios, muchos de ellos con las plumas cubiertas por la pasta de maíz. Esta forma de alimentación me pareció más desagradable que la basada en maíz cocido, ya que la pasta solía rebosar por la boca de los patos y les manchaba la zona del cuello.

En estas instalaciones lo patos llevaban diez días de cebado, por lo que muchos de ellos ya tenían el hígado inflamado en exceso y posiblemente dañado de forma irreversible (esteatosis hepática grave). Según nos contaron, muchas de las aves no consiguen aguantar el proceso completo y mueren antes de tiempo.

De entre los patos que albergaba la nave grande, pudimos apreciar a simple vista al menos 5 muertos. No habían superado la dureza de la fase de cebado. Los signos de abatimiento y debilidad, así como los problemas respiratorios, eran muy evidentes. Vimos a algunos patos totalmente inmóviles, reclinando su cabeza contra los barrotes, con la mirada perdida. Resultaba difícil no empatizar con ellos, no imaginar cómo se estarían sintiendo en esos momentos.

A las 7:30 de la mañana ya habíamos acabado nuestra visita a las naves de cebado de Can Ruet y quedamos en volver nuevamente para documentar cómo eran llevados los patos al matadero de Collverd.

Segunda entrevista con el presidente de la industria

A las 12:00 h teníamos fijada nuestra segunda entrevista con Jordi Terol.

Me pareció que este día estaba algo más calmado, aunque volvió a arremeter de forma muy agresiva contra quienes cuestionaban a la industria del foie y se preocupaban por los animales, calificándolos de “cínicos”. Con su habitual tono prepotente, nos dijo que la sociedad se había alejado tanto de la naturaleza que ahora trataba de limpiarse la conciencia «humanizando a los animales».

Entonces, Terol empezó hilar una serie de extrañas deducciones al respecto de las «verdaderas intenciones» que escondían las campañas de desprestigio a la industria del foie gras. Según él, existía una sospechosa relación entre la crisis bovina producida tras el boom de las “vacas locas” en Europa y los ataques a su sector. Nos dijo que había comprobado las estadísticas y que éstas indicaban que al descender el consumo de carne de vaca aumentó el de magret de pato. Cuando se normalizó nuevamente la situación, los consumidores prefirieron, «por supuesto», continuar consumiendo carne de pato. Su conclusión: los productores de carne de vaca actuaban en complicidad con los defensores de los animales para arruinarles el negocio. Sus palabras me dejaron atónito.

Además de estas teorías conspiranoicas, nos relató diferentes anécdotas en las que, básicamente, se centraba en idolatrarse a sí mismo y en criticar a la industria francesa, que según él ha vulgarizado el foie con su forma de actuar.

Con respecto a las perspectivas futuras de su empresa, Collverd, nos informó de que ya habían empezado a realizar exportaciones. Nos contó que gracias a las ventas internacionales estaban logrando sacar adelante el negocio, ya que si fuera por el mercado español no podrían sobrevivir.”

Feb
28

Visita a la granja Anecs La Barroca.

“ Esta granja está situada en la localidad de Sant Aniol de Finestres, Girona y lleva 10 años operativa. Cuando llegamos allí, a las 6:30 de la mañana, todavía era de noche. Nos atendió amablemente Salvador Coll, propietario de la granja con diez años de experiencia en la producción de foie gras.

En este lugar producen 180 patos a la semana, cuyos hígados y cuerpos son enviados a otras empresas: L’Ànec del Pirineus y Mas Parés. Salvador me explicó que también venden «en negro» a restaurantes galardonados con varias Estrellas Michelín, como El Celler de Can Roca (segundo mejor restaurante del mundo) y L’Aliança d’Anglès.

Proceso de cebado

Entramos con ellos a la granja y de inmediato se pusieron a meter el maíz en grano cocido en dos carros equipados con el tubo de embuchado o “instrumento de emboque”. Cuando empezaron a cebar aún era de noche.

Recuerdo que había unos patos, que serían matados ese mismo día, a los que les costaba mucho respirar. Cuando se encuentran en este estado algunos granjeros dicen de ellos que «parece que están mascando chicle», pues abren y cierran el pico constantemente. También observé animales totalmente postrados, abatidos. Recuerdo en especial a uno de ellos, ya que tenía la cabeza apoyada sobre el bebedero y su aspecto era completamente deprimente.

Además de los patos de último embuche, había otros que llevaban allí pocos días. Su actitud era bien diferente, pues se mostraban muy alterados en el momento del cebado y trataban desesperadamente de salir de las jaulas cuando se acercaba alguien. Eran unos patos muy pequeños y muy nerviosos. Resultaba chocante ver la diferencia de actitud entre unos patos y otros.

Matanza de los patos

Tras una hora de cebado, procedieron a la matanza de los animales que terminaban ese día el proceso de engorde.

Todos los patos se encontraban en una misma nave, encerrados en las jaulas individuales. En el exterior de la nave había un pequeño pasillo, cuya puerta comunicaba con el lugar donde se mataban los patos.

En esa granja experimenté el proceso de matanza de un modo muy diferente. Aunque en el matadero había el mismo aparato para aturdir, los mismos conos metálicos donde introducir a los patos para degollarlos, las mismas máquinas escaldadoras y desplumadoras… el proceso de trasladar a los patos hasta allí fue lo que realmente me impresionó. Llevaban a los patos de uno en uno, sujetándolos por las alas de manera que su cabeza quedaba mirando hacia la nave, hacia los demás patos, mientras se alejaban. Iban haciendo así un viaje tras otro, llevando a los patos en esa posición, lo que me permitía verles bien la cara antes de que entraran en la sala donde a continuación los matarían. Recuerdo sus miradas, recuerdo sus expresiones en ese extraño momento en el que se los estaban llevando en volandas directos a la muerte. Aunque estuvieran totalmente inmovilizados, sus miradas me transmitían la ansiedad y el estrés que estaban sintiendo.

Al igual que sucedía en otras granjas, había patos que llegaban conscientes al momento de ser degollados. Pataleaban sin cesar mientras se desangraban dentro del cono metálico. Era el último instante de sus vidas y sin embargo seguían luchando, con todas sus fuerzas, por sobrevivir.

Estuvimos documentando la matanza de todos los animales, viendo cómo morían, uno tras otro, hasta que acabaron. Nos fuimos a las 10 de la mañana.

Ésta sería la última granja de Cataluña en la que documentaríamos el cebado. Tras tantos meses de investigación veíamos al fin que estábamos cerrando esta etapa de la investigación y que todo el sufrimiento que habíamos presenciado no iba a quedar silenciado por cuatro paredes.”

Mar
12

Última visita: Granja Can Ruet y matadero Collverd.

“Volvimos a la explotación de Josep Jofre, la granja Can Ruet proveedora de Collverd el doce de marzo de 2012. Habíamos quedado con Jofre en que volveríamos para documentar el transporte de los patos hasta el matadero de Collverd. Y eso hicimos.

Llegamos a la granja a las 7:45 de la mañana, hora a la que habíamos quedado. El camión y Jofre estaban ya de camino al matadero, llevando la primera tanda de patos. Allí había un operario metiendo a los patos en cajas, tres en cada una. Como el camión aún tardaría un poco en volver a por los demás patos, decidimos entrar a la nave a documentar el momento.

Transporte al matadero

La primera impresión al entrar fue extraña. Prácticamente todas las jaulas estaban vacías… pero los animales volvían a estar encerrados, esta vez en las cajas. Las cajas eran de plástico duro y estaban apiladas formando columnas de 7 unidades. Dentro de ellas, los patos jadeaban y se movían con dificultad. Los excrementos de los patos de los pisos superiores caían continuamente sobre los patos de las cajas situadas por debajo. Apenas podían levantar el cuello y estaban muy incómodos. Podía observar sus vientres abultados e incluso llegué a ver sangre en una de las cajas, lo que me hizo pensar que alguno de ellos debía de tener una hemorragia interna.

Nos acercamos a los patos que aún no habían sido metidos en las cajas. Habían sobrevivido a los 13 días de cebado y, en su día 14, estaban a punto de salir definitivamente de las jaulas para acabar en el matadero. El abatimiento era algo que los describía. Les costaba muchísimo respirar y daba la sensación de que no podían con su propio peso. Había un pato en concreto que presentaba una imagen desoladora: estaba con el cuello estirado, apoyando el pico en el borde del bebedero mientras luchaba por seguir respirando. Su estado era crítico.

En unos minutos llegó Jofre con el camión y las cajas que faltaban para poder meter a los patos que seguían enjaulados. Apilaron las cajas en columnas de siete y empezaron a meter a los patos de tres en tres. Como el operario no llegaba bien a la última de las cajas, lanzaba a los patos para poder meterlos. Una vez puestos todos en las cajas, las subieron al camión de camino al matadero.

Matanza de los patos

Seguimos al camión hasta el matadero. Cuando llegamos, los operarios estaban en su tiempo de descanso. Al cabo de un rato empezaron a descargar las cajas del camión y a ocupar sus puestos en la línea de matanza.

Comenzaron sacando a los patos de las cajas y llevándolos hacia donde serían matados. Pude ver que los que iban quedando dentro de las cajas se movían torpemente hacia el fondo, juntándose y tratando de esconderse. Pero no podían hacer nada; al momento un operario los sacaba cogidos del cuello o de las alas y los colgaba por las patas en las perchas metálicas. Era entonces cuando más nerviosos se mostraban: se movían frenéticamente, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, tratando de desengancharse. Pero el peso de su propio cuerpo se lo impedía. Pensé en lo triste que era que sólo pudieran volver a abrir sus alas en esa dramática situación.

Las perchas se movían automáticamente, llevando a los patos hacia la corriente de agua electrificada que los aturdía antes del degüello. Durante todo el recorrido de las perchas podíamos oír el tintineo metálico provocado por el forcejeo de los patos.

Algunos patos seguían conscientes mientras les cortaban la garganta. De hecho, documentamos cómo uno de los patos llegaba vivo y aleteando hasta la máquina de escaldado.

Una vez muertos, dio comienzo el proceso de desplume y limpieza de los patos, de forma muy industrializada.

Jofre iba poniendo los hígados en una báscula, explicándonos que según su peso tenían un valor económico u otro. Nos comentó que este lote estaba «dentro de la media». Aunque no era la primera vez que los veía, seguía sorprendiéndome el tamaño de los hígados. Cuesta creer que individuos tan pequeños, de como mucho 7 kilos y medio, puedan albergar en su interior unos órganos tan exageradamente grandes.

Con esta visita dejábamos atrás a la empresa Collverd y dábamos por finalizada la parte de nuestra investigación centrada en granjas de foie de Cataluña. ”